Zumos de bote, la comodidad que arruina tu alimentación.

Zumos de bote, la eterna dicotomía, ¿son saludables?, sabemos que no, pero intentamos «justificar» su compra diciendo que por motivos del día a día, es la «única» manera de «comer algo de fruta» y ya lo rematamos cuando decimos: «mejor eso que nada». Pues siento decirte que, si, mejor nada que tomar zumo envasado.

Que como en todo, dentro de lo malo hay lo menos malo, si, pero también os digo, que todo es mucho más fácil de lo que parece, y que si nos organizamos, mínimamente, podemos comer fruta entera sin necesidad de tirar de los zumos de bote y «autoengañarnos» pensando que así comemos fruta.

Beber un vaso de zumo de naranja, no equivale a comerse una naranja, no te engañes. Cuando en vez de comer una naranja, nos bebemos su zumo, estamos prescindiendo de su matriz, y por ende de su  fibra.

También hay que tener muy en cuenta que, cuando tomamos zumo, el azúcar libre hace que tengamos picos de glucosa.

Por no olvidarnos que un zumo en el cual puedes utilizar dos o tres naranjas, no tiene ningún efecto saciante, al contrario de comer dos o tres naranjas, ya te digo yo que no eres capaz de comértelas juntas.

Si paseamos por un supermercado, vemos que las marcas de zumos venden porcentajes de «pureza» que si no superan el 100% es porque en el departamento de marketing aún no se les ha ocurrido. Sus nombres lucen prefijos y sufijos como natur-, eco-, -sano, -fresh y hasta hay envases donde se presume de que la empresa ha montado una reserva ecológica para salvar a la avutarda. Con lo que me gustan a mí las avutardas. Entre tanta bondad intrínseca y extrínseca, ¿cómo sabemos cuál es el zumo bueno?

Afortunadamente, los señores de la Unión Europea velan por nosotros (a veces) y hace ya un tiempo elaboraron una directiva para regular la cuestión de los zumitos. En España la nueva normativa se publicó en el BOE hace casi un año, aunque se ha dado un margen a los fabricantes (hasta abril de 2015) para agotar el stock existente.

¿Cómo interpretamos el etiquetado de los zumos?

 

Hasta que termine el plazo de convivencia con los zumos antiguos (abril de 2015) es fundamental leer la lista de ingredientes del etiquetado de los zumos y comprobar que no aparezca la palabra «azúcar» entre ellos. Ahora bien, no debemos asustarnos si en un zumo «sin azúcares añadidos» vemos reflejados a los «azúcares simples» en la tabla nutricional, dentro del apartado «hidratos de carbono». En este caso corresponderán a los propios azúcares de la fruta, que haberlos haylos.

Una vez que termine el plazo de convivencia, si el envase lleva escrito la palabra «zumo» sabremos que no lleva azúcar añadido. En cualquier caso, seguirá siendo fundamental leer la lista de ingredientes del etiquetado. Probablemente estemos ante un néctar. Lo confirmaremos si las palabras «azúcar» o «miel» se encuentran en su lista de ingredientes. Aunque no es lo mismo un néctar con un 5% de azúcar que con un 20% de azúcar, lo aconsejable es decantarnos por aquellos productos que lleven la palabra «zumo» en el etiquetado.

Marketing y picaresca.

Éstas son algunos de los recursos frecuentemente utilizados con los zumos y néctares:

 

  • El sodio que sabía latín:  Curioseando en internet he encontrado una marca que juega al despiste en su web y aun refiriéndose al resto de ingredientes en español (vitaminas, azúcar…) nombra al sodio en latín: «natrium». Sus razones tendrán para tirar de tan gloriosa lengua muerta, pero yo no encuentro ninguna que justifique el dificultar al consumidor medio la composición del etiquetado. La transparencia es fundamental.

 

  • El 0% que sí engorda: Otras marcas dibujan un 0% grande y hermoso en mitad del envase. 0% de grasa. Muy bien. Suena genial. Aplausos. Pero ¿qué pasa con los azúcares? ¿el producto es 0% en azúcar añadido también? Al comprobarlo en sus ingredientes observamos que algunos de los envases «0%» contienen más porcentaje de azúcar en su composición que ¡de zumo! No mienten, ojo, sólo faltaba. Realmente tienen un 0% de grasa. Pero como veremos al final del post, los azúcares en exceso pueden transformarse en grasa. Ese 0% está intentando darle un toque de «ligereza» al producto que realmente no tiene.

 

  • «Bi» no es prefijo de dos: No señores. Toda la vida pensando que «bi» era un prefijo que indicaba «dos» -bicicleta, binoculares, bicéfalo, bígamo, bivalvo– para acabar redescubriendo una nueva acepción. El «bi» como equivalente a «bio». Desde 2006 está prohibido en España que el prefijo «bio» figure en el etiquetado de los productos no procedentes de la agricultura ecológica. Danone, Solán de Cabras, Don Simón o Pascual entre otros tuvieron que cambiar varios etiquetados. Algunos no se quebraron los cascos: dejaron el «bi» y a correr (Bisolán o Bifrutas entre otros). Probad a decirlo en alto. Sin la «o». Complicado, ¿eh? Casi diez años después, los chicos de marketing no han debido encontrar nada que funcione mejor y siguen tirando del «bi» sin pudor.

 

  • El que calla otorga: Algunos ingredientes «enriquecedores» (como omega tres o vitaminas) suelen encarecer el producto y se anuncian a bombo y platillo en el envase para darle un «valor añadido». Como norma general, cuando el fabricante quiere que nos enteremos de que hay algo positivo en su producto se encarga de hacerlo visible. Cuando no se menciona en technicolor algún «ingrediente estrella»… normalmente es porque no lo lleva.

 

Los zumos, la guerra

 

La competencia entre las marcas de zumos y néctares es feroz. El primer caso de publicidad comparativa en España la protagonizó aquel famoso anuncio de Don Simón vs Minute Maid. Las marcas que fabrican zumos con mayor porcentaje «de zumo» se esfuerzan lógicamente en intentar hacer llegar al consumidor las diferencias entre lo que es un «zumo de verdad» y un néctar o un zumo a base de concentrado. Para los curiosos, resulta interesante la web de Don Simón en la que describen sin pudor alguno las «batallas legales» que han ido ganando a la competencia.

Otra cosa es que en Don Simón hayan conseguido su propósito de hacer llegar el mensaje sobre los distintos tipos de zumos a la población. A pesar de la tele, en ése campo queda mucho por hacer todavía.

 

El Healthycosnsejo

 

Lejos de demonizar a toda una industria, lo fundamental es aprender a distinguir entre un zumo de bote bueno de un zumo de bote con azúcares añadidos. Es decir, con la nueva normativa, fijarnos si en el envase pone «zumo» o «néctar». Así, si por algún motivo decidimos comprar un producto «del lado oscuro», al menos sabremos lo que tenemos entre manos (y en nuestro estómago posteriormente).

Por último, un llamamiento a quien corresponda: no sé cuánto costarán las máquinas exprimidoras de zumo para cafeterías y entiendo que hay que amortizarlas, pero que cualquier zumo en un bar de mala muerte cueste 3,50€ no ayuda nada en la guerra contra los zumos «de plástico». Si hay que subvencionar esas máquinas, que se subvencionen. 

 

* Y por si alguien quiere saber más…

 

¿Por qué son malos los azúcares de los zumos?

 

Los azúcares, etiquetados directamente como veneno por muchísimos profesionales en la actualidad, son los malos de la película. Si bien son necesarios para la función vital (los azúcares son la comida favorita de las neuronas) su exceso puede ser peligroso.

Cuando se ingiere más azúcar del necesario, la glucosa se almacena en el hígado y en el músculo como glucógeno esperando mejor oportunidad. Si a ese glucógeno no se le da salida, la glucosa se convierte en ácidos grasos que se almacenan como triglicéridos. Los triglicéridos tienen dos caminos:

– Almacenarse en el hígado, lo cual puede llegar a ser una fiesta.

– Almacenarse en el tejido adiposo (y no hace falta que diga qué consecuencias tiene ésto).

Por si fuera poco una parte de la glucosa puede transformarse en colesterol. Del malo malísimo, por supuesto.

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